Modo exprés o clásico: cuándo calificarte y cuándo no
Mullawo tiene dos formas de recorrer una sesión. Una te pide juzgar cada tarjeta; la otra solo muestra y sigue. Son para días distintos, y la elección cambia lo que el calendario aprende de ti.
Abre un repaso en Mullawo y estarás en uno de dos modos. Clásico muestra el anverso, giras y respondes No la sabía, Casi o La sabía. Exprés muestra el anverso, tocas, ves la respuesta, tocas de nuevo: sin botones, sin veredicto. Se cambia con el chip sobre la tarjeta.
Parecen la versión grande y la pequeña de lo mismo. No lo son; alimentan el calendario de forma distinta, y conviene saber cuándo toca cada uno.
Qué hace el clásico
Cada calificación en clásico es un mensaje al planificador de repetición espaciada. La sabía empuja la palabra más lejos: tres días se vuelven una semana, una semana un mes. Casi la mantiene cerca. No la sabía la trae de vuelta a mañana y acorta sus intervalos futuros. En unas pocas sesiones la baraja se ordena sola: las palabras que te resultan fáciles dejan de aparecer, las difíciles aparecen más.
El clásico es también el único modo que cuenta. La precisión, la clasificación, el contador de "aprendidas": todo se construye a partir de respuestas calificadas, porque una calificación es una afirmación sobre lo que sabes y un toque de paso no lo es.
El coste es la honestidad. El clásico funciona exactamente tan bien como sea veraz tu calificación. La sabía en una palabra que medio adivinaste la manda a un mes de distancia, y la vuelves a encontrar habiéndola olvidado del todo.
Qué hace el exprés
El exprés registra cada tarjeta como vista —el equivalente a una buena respuesta, que avanza la palabra en su calendario—, pero nunca te pregunta, nunca registra un No la sabía y nunca toca la precisión ni la clasificación. Es una pasada por la baraja, no una prueba de ella.
Eso lo hace rápido: veinte tarjetas en minuto y medio. También lo hace ciego. Una palabra que no conoces en absoluto avanza igual que una que sabes de memoria, porque nunca dijiste lo contrario.
Cuándo conviene el exprés
- Leer una baraja nueva por primera vez. Veinte palabras recién llegadas, ninguna conocida. Calificar No la sabía veinte veces no le dice al planificador nada que no supusiera. El exprés te deja conocer las palabras; el clásico puede calificarlas mañana.
- Un día cansado. Cinco minutos de exprés mantienen la racha, mantienen las palabras en circulación y no piden nada. Mejor que saltarse el día.
- Calentar. Algunas personas hacen una pasada exprés por las tarjetas del día y luego clásico. La primera pasada prepara, la segunda mide.
- Práctica de escucha. Con el altavoz en cada tarjeta, el exprés es una forma de oír toda la baraja en voz alta sin parar.
Cuándo conviene el clásico
- Siempre que quieras que el calendario aprenda. El exprés no le da nada de qué aprender. Si una palabra se sigue escapando y nunca vuelve antes, es porque solo la has pasado tocando.
- Cuando las palabras ya son familiares. Calificar una palabra que has visto tres veces es un juicio real; calificar una que has visto cero veces, no.
- Cuando los números te importan. La racha sobrevive al exprés; la precisión y la clasificación no lo ven.
El error a evitar
Vivir en el exprés. Parece progreso —las tarjetas vuelan, el contador sube— y la baraja se pudre en silencio, porque cada palabra sigue avanzando la sepas o no. Una semana después, un repaso está lleno de tarjetas a un mes de distancia que nunca has recuperado de verdad.
La regla que funciona para la mayoría: exprés para conocer las palabras, clásico para conservarlas. Las palabras nuevas reciben una o dos pasadas exprés. Después, cada sesión es clásica, calificada con honestidad, y No la sabía es el botón más útil de la pantalla.